Hay futuro, si hay paz: Ibagué como epicentro de la esperanza nacional | Radio UT
Hay futuro, si hay paz: Ibagué como epicentro de la esperanza nacional
Hay futuro, si hay paz: Ibagué como epicentro de la esperanza nacional

Banderas con la frase insignia del proceso, “Hay futuro si hay paz” cubrían el Panóptico por donde se miraba, había telas verdes, violetas, naranjas y carteles ilustrados con frases como “la verdad abraza lo que el fuego arrasa” pegados en las paredes blancas del recinto, por dentro y fuera; todo estaba listo para la rueda de prensa en la que se avisaba sobre los hallazgos de la guerra que parecía enquistada en Colombia, en el espacio dispuesto en el auditorio del museo apenas asistieron medios de comunicación que pretendían adivinar parte de las más de mil páginas de testimonios y relatos de actores del conflicto… la comisionada Lucía González, exdirectora del museo casa de la memoria de Medellín, Diana Trujillo, Coordinadora territorial de la CEV Tolima y Tania Rodríguez, directora de territorios, respondieron a las inquietudes.


A groso modo, se contó sobre dinámicas territoriales, las disputas por la tierra, los secuestros y lo que se denominó como la cultura de la guerra, interpretaciones que incluso nos remontan a épocas como la colonia, de la que traemos conductas como el odio por el otro, la creación del enemigo interno y la violencia como mecanismo para perpetuarse en el poder.

 

 


En los hallazgos encontrados por la Comisión se insertó el dedo en la herida, las mujeres, niños, niñas y adolescentes, llevan la peor parte, como los mayores grupos sociales violentados. Las presentes contaron sobre el enfoque diferencial de la recopilación de relatos de víctimas y victimarios, el enfoque territorial, el enfoque de género en los que se distinguieron capítulos étnicos y de especial atención sobre las mujeres y poblaciones LGBT. Después de una hora de diálogo se terminó la tarea por el 12 de julio, día de rueda de prensa.


De acuerdo con el informe final de la Comisión de la Verdad, anclado a la Unidad de víctimas, jóvenes de 18 a 28 años (17,5%), menores de edad de 0 a 17 años (17,5%), pueblos étnicos (17,1%) y mujeres con un (47,8%) han sido los grupos más afectados por la guerra en nuestro país.


Con el inicio del nuevo día, el sol comenzó a asomarse luego de una madrugada pasada por ligeras lluvias, era el 13 de julio y la mirada estaba volcada hacia el museo Panóptico, poco a poco fueron llegando comunidades indígenas, periodistas, equipo de la Comisión, comunidad interesada, emprendedores con sus proyectos, testigos del conflicto y excombatientes.


“Si somos hijos del calvario, y lo que tienes en las manos
Es la sangre que te grita
Que no aprendes del pasado”


La cultura abrió la agenda, representaciones artísticas de la comunidad Nasa y Pijao nos aterrizaron a nuestras raíces como parte del ejercicio de hacer memoria, después escuchamos a Tania Rodríguez junto a Diana Trujillo, dando un abrebocas de lo que fue la jornada, en medio de este escenario, Rosalba Céspedes, una mujer que en representación del municipio de Roncesvalles, tomó el micrófono para dar gracias a los aportes de la Comisión, el avivamiento de la esperanza y la búsqueda incesante de la verdad en el Tolima y Colombia.


—    Todos tenemos la responsabilidad, tengo una gran esperanza, le clamamos al presidente que se empodere de las recomendaciones que la Comisión hoy deja, que se empodere de las generaciones que vienen y de su legado, que se empodere de un país sediento de paz.


A la reflexión se le sumó la música, el cantautor Santiago Cruz, con el Septeto Preludio del Conservatorio del Tolima, interpretaron la canción “Hijos del calvario”, tema que invita a pensar, a recordar y no repetir los horrores del pasado.

 

La feria de conocimiento “Una ventana a la verdad del conflicto armado en Colombia” olía a café de Planadas, olía a resiliencia, memoria y nuevos retos, fuera del recinto la esperanza se sirvió sin azúcar. A mitad de la mañana se reavivó la memoria con las fotografías de Juan Carlos Escobar, reportero gráfico del Tolima, una escuela andante de cómo se hace el periodismo de campo con una cámara colgada al pecho, él trajo la muestra fotográfica “Retratos de un pasado dibujado por el conflicto armado” una mirada a las tragedias de nuestro departamento, desde la sangre derramada en Potosí en Cajamarca, pasando por el reclutamiento infantil en Planadas, hasta la procesión de más de un decenar de ataúdes en Falan. A su lado estaban las también periodistas Olga Lucía Garzón y María Elsy Morales, con su libro “Más allá de la línea roja” una recopilación de historias del conflicto armado en el Tolima.


En este círculo de memorias, imágenes y sentimientos se escucharon las voces de Jhon Jairo Oliveros y Giovanni, dos excombatientes de las extintas FARC, que hoy le aportan a la paz y la verdad, recalcaron el papel fundamental de los testigos del conflicto como narradores de la realidad, asimismo, revirtiendo lo que se cree de los malos de la película, Jhon, recordó que también fueron víctimas. 


—    SI algún día fuiste victimario, también un día fuiste víctima, yo desde la edad de 12 años me vinculé a la organización en Rioblanco, un municipio donde nació en cierto modo la violencia y ha sido abandonado por el estado.


Añadió Jhon con vehemencia, una reflexión que insta al empoderamiento de los acuerdos de paz y la tolerancia como estrategia para recordar que somos de una misma patria sin importar el calificativo.
De acuerdo con el informe final en el documento “Hallazgos y recomendaciones” en el capítulo “Colombia herida”, 26.900 y 35.641 niños, niñas y adolescentes fueron reclutados en el periodo 1986-2017.


Entre tanto, Giovanni, otro ejemplo más de la posibilidad de cambio, manifestó su decisión de seguir apostándole a la verdad y a la paz como parte de la construcción de un mejor país para las nuevas generaciones.


—    Hay gente que vive de la guerra en este país, los grandes generales viven de la guerra, las oligarquías también, por eso viven de la violencia. A pesar de todo no nos hemos regresado, seguimos embarcados en la paz y hemos demostrado a la sociedad que estamos entregados a la paz.


Quien fuera en otro tiempo comandante del frente 21 de las extintas FARC, hizo presencia en la socialización del informe final de la Comisión de la Verdad en el museo Panóptico de Ibagué, es un hombre que en su mirada denota el peso del tiempo y de una vida atravesada por el conflicto armado, un ex combatiente que, como otros, le apuesta a la paz. Aparentemente es alguien con el que poco se podría hablar, alguien con el que apenas se cruzarían palabras, pero no, su claridad en términos de reconciliación y paz, deslumbra, impacta y sobretodo invita a reflexionar.  


—    Hace más de 20 años usted estuvo aquí en una condición muy difícil, hoy, en la actualidad hace presencia en la entrega del informe, ¿Vale la pena la paz y la verdad? 
—    La paz y la verdad, valen la pena hoy, mañana y siempre, no hay nada más bonito que eso.


Veinte años atrás, Giovanni, pasó unos meses recluido en la cárcel Panóptico por su pasado bélico, hoy vuelve al lugar como si se tratara de una segunda oportunidad, para él y para el país; es momento de la verdad y de la No repetición.


                                                  


 

 

La Comisión de la Verdad, con el informe final, que de final solo tiene el nombre, marca el inicio de la ruta para la convivencia en Colombia, en la que se respete la dignidad humana, en la que se resalten las apuestas del esclarecimiento, reconocimiento, convivencia y sobretodo la No repetición. Con el presidente de la Comisión de la Verdad, Francisco de Roux, once comisionados y comisionadas regionales que van desde el Caribe e insular hasta Territorios étnicos e Internacional, veinte Casas de la Verdad y los líderes y lideresas en los territorios, se consiguió escuchar más de 14.000 testimonios de víctimas, testigos y responsables a lo largo de tres años de recopilación.


Un factor que incide en la prolongación y fortalecimiento del conflicto armado, es el despojo de tierras, un acto de crueldad que no respeta familias, ni edades y además de desembocar en muertes, desplazamientos y perpetuación del acto y el poder de quien lo efectúa.


“De acuerdo con la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas, 32.812 personas han declarado haber sido despojadas de sus tierras y 132.743 han declarado pérdida de bienes muebles o inmuebles asociada al conflicto armado” extracto del subcapítulo “un impacto masivo e intolerable” del documento “Hallazgos y recomendaciones”.


A la cuota de realidad que este espacio nos regala se sumó el poder ingresar al museo, que antes fuera la cárcel Panóptico, esa construcción cruciforme que no dejaba escapar nada del ojo del guardia, es ahora un nuevo espacio, uno cargado de color, de cultura y música, resignificado para ayudar en el espaldarazo del informe final y su apropiación por todas y todos. Solo resta entender este momento histórico como un proceso ético de nuestra parte para asumir con responsabilidad nuestra verdad para dar paso al futuro y no ahondar en los 450.666 muertos, 121.768  desaparecidos de manera forzada, 50.770 secuestrados, 16.238 niños, niñas y adolescentes reclutados y alrededor de 8 millones de desplazados, que registra la Comisión de la Verdad, la Jurisdicción Especial para la Paz y la Human Rights Data Analysis Group.
 

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