Disonarte: Música e identidad | Radio UT
Disonarte: Música e identidad
Disonarte: Música e identidad

Por: Yohan Sebastian Rivas Robayo

La edición anterior del festival Disonarte se realizó de manera virtual con todos los músicos en un hangar, aunque con un montaje de escenario para el gran público, solo el equipo de producción y las cámaras los acompañaban de manera presencial. Este 2021 el festival decidió regresar ante el público en la Plaza del parque Centenario el sábado 27 de noviembre para el ritual que le da vida a la música: El de estar juntos.

Fotos por: William Niño 


La tarima tenía cuatro pantallas desplegadas y las imágenes del festival dispuestas para demostrar los colores, la variedad, el tono de la música ese día. Se anunciaba la lluvia, aunque alguien del equipo, la noche anterior, había hecho su danza especial para evitarlo, que ese día no caería una sola gota de agua, que ese día el único que se daría cita sería el baile. 


Esta es la séptima edición del festival que lleva un proceso de más de 10 años desde que se empezó a gestar en las cabezas de Juan Sebastian Salazar y Yeison Gomez. El sueño de un espacio para más de 10 agrupaciones de la ciudad y tres invitados nacionales en un mismo escenario con un público dispuesto a vivir cada instante.  
Desde temprano y a la espera con el escenario se veían rostros de adultos, jóvenes y adolescentes. El espacio brindó la oportunidad para que varios aliados comerciales del festival se ubicaran al lado de la tarima. Durante el concierto podías sentarte a comer mientras veías a los músicos, pero desde la primera nota que el grupo Son de Pueblo emitió por los altavoces no hubo quién se quisiera sentar.


La mezcla de la música tradicional colombiana y los contadores de historias le daban inicio al Disonarte en su regreso de manera presencial. El rap, ese elemento del hiphop tuvo su cuota con la sensibilidad de Poetisa Emcee. Acompañada por una guitarra al estilo del neo soul, una voz melódica y el beat box puso a cantar a los asistentes. 

Fotos por: William Niño 

Si había alguna duda de que dos géneros tan dispares funcionaran bien juntos, no quedó alguna después de subirse a la tarima Diskordia Punk, la seguridad de que los asistentes allí presentes eran amantes de la música. Regresaron la fuerza a los músicos al sacudir sus cabezas, al llenar la plaza de energía con el baile del pogo.
Las luces eran las que iluminaban el centenario, y entre ellas aparecía la agrupación Dehumanize, Death Melódico que apunta al progresivo. Se llevaron la atención del público con letras llenas del sentido de la identidad, de lo que es el territorio, de lo que se ha perdido a través de los conflictos del poder y la colonización. 


El hihop regresaba y ahora con la puesta en escena de los Insurrectxs, un grupo que ha procurado llevar su música cada vez más alto, al saltar del beat a los instrumentos, a elevar el público con el ritmo del funk, el soul y los barrios de Ibagué. 


Ya no había vuelta atrás. El sonido se convertía en algo cada vez más denso, Sin Mente, con su mezcla del Hardcore, Thrash Metal despejó por completo las dudas y el cielo, no caería una sola gota de lluvia esa tarde. La tarima cerraba la participación de los grupos locales de manera impecable y estridente. 


La noche se cargaba con Tropickup, un grupo que mezlca la eléctrónica y los sonidos del caribe colombiano, puro sabor, pura energía. Desde barranquilla hasta Ibagué, al ritmo de los samples y la champeta, estremecieron las piernas del público y no dejaron cadera sin tocar. 

Fotos por: William Niño 


Después de todo lo escuchado parecía que la noche no podría ir mejor, pero quedaban dos grupos que ondearían las banderas del jazz, de las historias, de lo íntimo y lo humano.


Ambos grupos tienen miradas distintas, pero comparten la iniciativa de contar sus dudas, sus fortalezas, ambos comparten el interés por entregarse a la música. La del Break Salsa de la Mambanegra no le dio tregua a Ibagué para una noche inolvidable. La agrupación caleña encendió los corazones para bailar al ritmo de los vientos, la batería y las congas. 


El último movimiento lo dirigieron los Pettit Fellas, agrupación bogotana que define la diversidad a través de sus colaboraciones y composiciones propias. Dictaron su manual de instrucciones, conjuraron el cielo, para entonces hacerlo cierto, el baile, el sudor, los gritos, las voces, todas juntas lograron que ese sábado 27 de noviembre no callera una gota de agua. La batuta se movía de izquierda a derecha y las luces desde el público también lo hacían. El ritual estaba completo.  


Rap, Salsa, Soul, Metal, Punk, Porro Chocoano, Bambucos e historias son la muestra de que Ibagué es un espacio para las músicas, de que Ibagué ama el sonido, de que las variadas audiencias de la ciudad pueden compartir tarima, de que estas siete ediciones del Disonarte han servido, como lo dicen sus principales productores, Yeison Gomez, Sebastian Salazar y Juan Lozano, para formar públicos en Ibagué, una de las ciudades creativas y musicales de Colombia.
 

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